MARTA LIDIA UGARTE ROMÁN: QUANDO IL MARE SI RIBELLÒ ALLA DITTATURA

Por Chantal Castiglioni –  11-08-2021 – Milan – Italia – para UTE-NOTICIAS

Al final llego al mar. El impacto quiebra mis huesos. Mi existencia torturada, quemada, ahorcada y lanzada al mar.

Al final llego al mar. El mar del espanto. El mismo mar que traga vida, voraz y ávido de sueños.

Al final llego al mar. El mar de la vergüenza. Tumba silente del horror perpetrado por la dictadura cívico militar.

Al final llego al mar. El mar de la desesperanza, enemigo de la belleza revolucionaria. Un mar tirano, reaccionario.

Al final llego al mar. Operativo Puerto Montt. Mi cuerpo atado a un trozo de riel para que no flotara. Soy un paquete arrojado al mar. Una noticia de crónica roja como la sangre de los que ya no están.

Al final llego al mar. Soy una más. Soy mujer. Soy comunista. Me llamo Marta Lidia Ugarte Román. ¿Alguien se acuerda de mí? Soy la compañera Martita. ¿Alguien me oye?

Al final llego al mar, pero mi historia sigue viajando, estoy viva en la memoria. Mi cuerpo apareció en la playa. Quizás el mar se había cansado de borrar esperanza, la esperanza que es mi práctica de desobediencia, de lucha y de rebeldía. Una esperanza que me empuja a actuar.

Quisiera relatar lo que me ocurrió. A partir del 11 de septiembre de 1973 agentes de seguridad empezaron a buscarme, solo tuve elegir la clandestinidad. Dejé mi hogar, mi familia e me fue.

Era el 9 de agosto de 1976 cuando me detuvieron. Me pusieron la venda bajo mis gafas de sol. Me llevaron hacia un rumbo desconocido. En realidad, me trasladaron en el centro más terrible del archipiélago de los centros de detenciones clandestinas, es decir Villa Grimaldi, en “La Torre”. Las torturas a las que fue sometido mi cuerpo son inenarrables. Parrilla, golpes con objetos contundentes, quemaduras en partes de mi piel, me arrancaron las uñas de las manos y de los pies. Ellos, los malditos agentes, disfrutaban al verme sufrir y gritar. No tenían rasgos de hombres. Eran solo verdugos. Sin emociones, sin compasión (la compasión del hombre por otros seres humanos), sin arrepentimiento. Cumplían sus propias tareas como si fueran autómatas, se sentían dioses potentes, impune porqué actuaban con la ley. Me entregaron al campo de Peldehue, un coronel ordenó al doctor que me inyectara con pentotal en alta dosis para provocar mi muerte. Fui amarrada con alambres a un trozo de riel. Me ensacaron como si fuera un paquete. No obstante, estaba con vida. Abrieron el saco y me ahorcaron.

Operativo Puerto Montt. El paquete. Me subieron a bordo de un helicóptero. Mar adentro me tiraron abajo, impactando con violencia contra el agua.

Fui víctima también de un montaje periodístico. La prensa me describió como una joven de 23 años asesinada por supuestos maniáticos sexuales. Sentenciaron: crimen pasional. ¡Periodistas domésticos de la junta militar!

Yo tengo 42 años y me ejecutaron. Mira las fotos que han hecho a mi cadáver y que han publicado en sus sucios periódicos.

Al final llegó al mar, pero algo no funcionó como la máquina del régimen deseaba.

Al final el mar me restituyó a la playa de La Ballena. Me restituyó a la memoria. ¡Es increíble!

¿El mío? Un caso emblemático. Permanezco el único cadáver del operativo Puerto Montt encontrado. Durante la dictadura mi cuerpo fue el testimonio de todo el mal que estaban haciendo contra el pueblo chileno.

Me llamo Marta Ugarte. Las olas del mar me salvaron del olvido y me dieron la posibilidad de narrar mi historia.

COMPAÑERA MARTA UGARTE PRESENTE AHORA Y SIEMPRE
! HONOR Y GLORIA ETERNA!
Chantal Castiglione