RICARDO OCTAVIO CAMPOS CÁCERES

El día seis de julio del año ochenta y ocho, en momentos en que participaba en una operación en el sector de la línea férrea cercana a la población Villa Sur, recibió un proyectil en el cráneo, disparado por Carabineros, que le causó la muerte en el Hospital Barros Luco en la madrugada del día 7 de julio de 1988.

Ricardo, fue un revolucionario, de aquellos que se expresan como tales en todas y cada una de las situaciones que la vida les puso por delante. No por ello dejó de ser un hombre, tan humano como el que más, con la carga de insuficiencias y deficiencias que casi siempre fueron para él un desafío a su propia superación.

Nació en una familia proletaria, su padre un obrero gráfico comunista “de toda la vida”, su madre – como la mayoría de las madres de esos tiempos – “dueña de casa”, dedicada a administrar la casa, criar y formar a los hijos y a colaborar desde allí con su compañero. El mayor de tres hermanos, le seguía en edad Sergio y la pequeña Valentina.

Nació el 8 de Junio de 1957, vivió toda su niñez y juventud en el barrio de El Salto, allí siendo todavía un niño, ingresó a las Juventudes Comunistas de Chile, se hizo militante a finales de los años sesenta y vivió los años del gobierno popular, siendo un muchacho comunista, altamente comprometido con su organización, con su partido y con el gobierno popular de Salvador Allende.

Durante esos años vibró con los trabajos voluntarios en la Pampa del Tamarugal, en Cabildo y en Ventanas, fue un animador incansable de la propaganda, un participante seguro de cuanta movilización callejera se realizó en el Santiago de la Unidad Popular, participó con disciplina y rigor en la autodefensa de la jota y desde esas tareas en la defensa del gobierno del pueblo y sus realizaciones.

El golpe de estado de septiembre del año setenta y tres, lo marcó muy profundamente, no era tan solo la caída de un gobierno, para él – como para muchos – significó la destrucción de su proyecto de vida, fue un golpe que echó por tierra todas sus más caras aspiraciones, incluso el propio día del golpe de estado y los posteriores se mantuvo “acuartelado” con su grupo de compañeros a la espera de instrucciones.

Finalizada su enseñanza media, ingresó el año 1976 a estudiar Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Técnica del Estado (UTE), buen alumno, responsable con sus deberes, con buenas aptitudes para el diseño, la gráfica y en general la plástica, trasladó su militancia desde el territorio en que vivía a la universidad y pronto se encontró con el movimiento estudiantil. Las tareas de ese momento eran el fortalecimiento de la organización estudiantil, fueran los Consejos de Delegados, de reciente creación por el Rector–Delegado como parte de la Organización estudiantil designada o los nacientes Centros de Alumnos, no solo ilegales sino que proscritos expresamente en la UTE, también se dedicaban esfuerzos importante al fortalecimiento de los Comités Democráticos de los estudiantes. A todas esas tareas se incorporó con pasión y con ciertos atributos de líder, que pronto sus compañeros de carrera, de facultad y finalmente de la UTE reconocerían.

Fue el dirigente indiscutido de los estudiantes de Artes y en esa condición se incorporó a las nacientes coordinaciones de las organizaciones estudiantiles. Fue un aporte en ese grupo de jóvenes que se esforzaban por abrir más y más espacios a la participación democrática de los estudiantes, siempre estuvo dispuesto a asumir todas las responsabilidades o tareas que el desarrollo de la lucha fuesen imponiendo, de hecho cuando las diversas organizaciones estudiantiles de la UTE decidieron crear una organización central que las coordinara y surgió la Unión de Organizaciones Estudiantiles, Ricardo fue elegido miembro de su primera directiva.

En esa condición de dirigente de los estudiantes de la UTE, encabezó numerosas movilizaciones, manifestaciones y actividades, entre las que se cuenta la Primera Jornada Cultural de los Estudiantes de la UTE realizada a mediados del segundo semestre del año setenta y nueve. Fue una gran actividad que fue posible gracias al tremendo esfuerzo de varios dirigentes y estudiantes, entre ellos muy especialmente Ricardo.

Por esa figuración pública y junto a una de sus compañeras, con quién apareció como dirigentes máximos de la Jornada Cultural, fue expulsado de la Universidad Técnica del Estado cuando cursaba el último semestre de su carrera. Ricardo junto a Lía, fueron los dos primeros estudiantes expulsados de la UTE en esa fase del movimiento estudiantil, los anteriores habían sido los sancionados entre los años setenta y cuatro y setenta y seis. Ya expulsado se mantuvo plenamente vinculado al movimiento estudiantil, asumiendo la denuncia de la injusta sanción que sobre él pesaba y manteniendo su actividad gremial.

Se plegó con todas sus fuerzas – como siempre lo hacía – a las tareas de solidaridad con el conjunto de los sancionados, siendo el mismo uno de ellos, en medio de esas actividades se encontró participando en la “Chingana del Sergio y del Pedro”, la peña de solidaridad con otros dos estudiantes expulsados realizada en mayo del año ochenta en el local de la llamada “Peña Onda Latina”, en la calle Huérfanos entre Esperanza y Libertad, donde fue detenido junto a casi una centena de participantes y después de cinco días detenido en la Primera Comisaría de Carabineros de Santiago, fue relegado junto a otros veintiún estudiantes y participantes en la Peña a distintas localidades de Chiloé, a Ricardo le correspondió vivir su relegación en el poblado de Puqueldón, junto a otro joven estudiante de Ingeniería Química.

A poco andar y de regreso en Santiago, en el verano de 1981, la dictadura impuso la llamada “Ley General de Universidades”, decretando con ello la muerte de la Universidad nacional, democrática, pluralista y participativa que con tantos esfuerzos la comunidad universitaria nacional y el movimiento popular chileno habían construido. El movimiento estudiantil y Ricardo en especial, se abocaron a denunciar aquella ley como contraria a los intereses nacionales y contraria al interés de las propias comunidades universitarias, se dedicaron a denunciarla como una ley espuria que se orientaba exclusivamente a hacer de la Universidades en Chile un Negocio, y al mismo tiempo, haciéndola regresar a los tiempos en que la universidad en Chile era clasista, aristocrática, discriminadora, profesionalizante. En el cumplimiento de esas tareas, Ricardo fue uno de los primeros en organizar e intentar realizar una jornada de denuncia contra esa ley, en ese intento fue detenido junto a seis o siete compañeros y compañeras y luego de la detención junto a tres de sus compañeros fueron relegados, esta vez al norte de Chile. Ricardo fue enviado al poblado de Ollagüe a cumplir con ese, su segundo período de relegación administrativa.

Durante todo su período de estudiante de la UTE, Ricardo compartió su vida con una de sus compañeras de carrera y de curso, Luisa, que también era muy activa en el movimiento estudiantil, le acompañaba muy a menudo, era común verles juntos en algunas reuniones o actividades. Ella, debido a sus múltiples ocupaciones estudiantiles, gremiales y políticas, no pudo visitarle cuando Ricardo estuvo relegado en Puqueldón, Chiloé, pero a Ollagüe si que fue, estuvo con él, le llevó recursos para que continuara viviendo allí, visitó también a los otros relegados y cuando se aprestaba a regresar a Santiago, fue detenida y secuestrada por los agentes de la CNI de Calama.

Esos agentes que la detuvieron eran los que habían asaltado la sucursal del Banco del Estado de esa ciudad y los que para encubrir el delito habían asesinado a dos de los funcionarios bancarios, llevando sus cuerpos al desierto y dinamitándolos para hacerlos desaparecer. En manos de esos asesinos estuvo secuestrada en al menos dos oportunidades entre comienzos de mayo y comienzos de julio del año ochenta y uno. Una vez en Santiago, la muchacha fue perseguida, hostigada y presionada para que trabajara como informante de la CNI, situación que ambos decidieron no aceptar, la denunciaron y se vieron obligados a salir del país.
Así, Ricardo llegó a vivir en Suecia, a un pequeño poblado del sur de aquel país, cercano a la ciudad de Växjö, donde tras varios meses de aprendizaje del idioma, estuvieron en condiciones de salir a vivir y a trabajar. Decidieron ir a vivir a la ciudad Malmö, la más sureña de las ciudades suecas.

Prontamente ambos se incorporaron al trabajo de las JJ.CC. en aquella ciudad, a poco andar y mediando un evento interno, Ricardo resultó elegido miembro de la dirección del comité local de las JJ.CC. en esa ciudad, asumió como encargado de organización. Dos o tres años después, fue promovido al PC; asumiendo tareas en propaganda y en solidaridad y disponiéndose a retornar a la patria en la primera oportunidad que tuviera. Con ese objeto se dedicó a estudiar. De vuelta en Chile, a la casa familiar, se vinculó con su partido y se reincorporó a las tareas urgentes que por esos días demandaban. . Su compromiso lo empujó a aportar con todas sus capacidades y conocimientos en el trabajo militar que se desarrollaba intensamente, con el objeto de acortar los días de la dictadura.

Fue un combatiente destacado, valiente, riguroso, responsable, participó en diversas tareas tanto en el plano propiamente operativo como en el de la instrucción y formación. Al mismo tiempo, se incorporó como estudiante de post grado a la Universidad ARCIS, donde fue alumno de Magister en Comunicación Social.