DECLARACIÓN PÚBLICA
Chile, hoy está inmerso en una pandemia mundial por la instalación de un virus que ha venido a desnudar los sistemas sanitarios, sociales y políticos de donde se ha consolidado el sistema neoliberal y la globalización capitalista; la que ha funcionado desmantelando los sistemas de salud y protección social, enriqueciendo a las grandes trasnacionales y a los grandes empresarios como es en nuestro caso.
La pandemia, en nuestro país, no descubrió la realidad del sistema sanitario y económico actual, este se venía mostrando desde hace mucho tiempo, recordemos el “No son 30 pesos, son 30 años”. Así, llego el estallido social en octubre, donde el gobierno se vio forzado a enmendar su rumbo, quebrando su agenda de gobierno, teniendo que involucrarse en temas planteados por los parlamentarios de oposición, como las 40 horas, el ingreso mínimo, reforma al sistema de pensiones, y el de mayor profundidad, el cambio constitucional, por dar algunos ejemplos. Temas que están pendientes por resolver, no anulados.
Hoy, la pandemia ha extendido sus efectos a la economía de los todos los habitantes de este país, con un retroceso de más de 30 años, la cesantía se recuerda a la de los 80, la caída en la producción es histórica, y las manifestaciones sociales que se producen no son más que el producto de una situación no buscada, pero que es real y afecta la olla, y, por lo tanto, la sobrevivencia de la mayoría de la gente.
El sistema de salud no resiste, es indignante ver como nuestros habitantes mueren esperando una atención, a veces sentado en una silla en un pasillo de un hospital, dentro de una ambulancia, o simplemente en la calle. Es indignante el traslado de pacientes a hospitales regionales, pero no los llevan a las clínicas privadas, o a los hospitales de las Fuerzas Armadas.
Fuera de los hospitales, la crisis también pampea y no sólo la económica, también la institucional, el gobierno no da luces de encontrar el camino o simplemente no quiere. Las crisis económicas, producen reacomodos en la acumulación del capital, y hay quienes que, en cada una de ellas han salido enriquecidos; y la derecha lo sabe y buscan y aprovechan cada oportunidad de aumentar su masa y su tasa de ganancias, así Piñera le da el negocio de las cajas de mercadería a Álvaro Saieh, que sólo es 200 millones de dólares más rico que él, en vez de hacer correr ese capital entre la gente para su mayor movilidad y dar liquidez a los almacenes de barrio y a las ferias, con las utilidades de lo que pagaron por estas cajas habrían llegado a más gente. Sólo el clamor popular hizo retroceder a CENCOSUD, propiedad de otro tan rico como Piñera y Saieh, que quería repartir millones de utilidades y no pagar a sus trabajadores, lo mismo que LAN, empresa que ya no es chilena, que se somete a las leyes de los EE. UU. para asuntos de quiebra, y declara su dirección en las Islas Caimán, no en Chile, y que tiene pretensiones de que este gobierno la “ayude”.
Cuesta encontrar alguna acción del gobierno que sea plausible, cuando faltan las ambulancias compran “guanacos” y “zorrillos”, cuando deben ordenar cuarentenas no lo hacen, lo hacen cuando la cola de los infectados impide su acceso a los hospitales y la altura de los ataúdes no los dejan ver el horizonte.
No olvidemos que no hablamos de otro país, hablamos de los “jaguares de América”, no hablamos de un país sin recursos ni sin posibilidades de obtener liquidez para reactivar la economía. Chile, sin ser una potencia económica, tiene en algunas partes capitales a los que recurrir, están los fondos y bonos en el extranjero, están los fondos previsionales de los trabajadores que, sin querer usarlos, se puede perfectamente regular las inversiones que hacen las AFP, obligándolas a invertir en Chile, en proyectos del Estado, como la salud, educación, investigación, CODELCO, en Obras Públicas, etc. También se puede ahorrar en Defensa, y esto incluso se puede coordinar con otros países hermanos, por ejemplo, no comprar armas hasta que tengamos un sistema salud apropiado, total no tenemos hipótesis de conflicto con ningún vecino y, además, podemos con ellos firmar un acuerdo de Paz y Hermandad. Para tomar estas decisiones es necesario que nos creamos la soberanía, y la independencia política. Y, sobre todo, que los gobernantes abandonen el fundamentalismo económico y dejen de entregar al privado la administración de los fondos de la crisis, ejemplo: fondos para las pymes, que, siendo fondos del Estado, este no los entrega por intermedio de su banco, sino, a través de los bancos privados, el principio de subsidariedad, parece que puede más que la cordura. Ya cambiaremos la Constitución, octubre es la fecha.
Creemos que es necesario fijar un salario de emergencia por un monto de $300.000 por los meses que dure esta pandemia, a todos y todas las familias que estén viviendo la disyuntiva de morir por el virus o morir de hambre y financiado por un impuesto a los más ricos, por los que se llevan un tercio del PIB.
Hacemos un llamado a la unidad del pueblo a la solidaridad contra el hambre y los abusos, por una salud garantizada y digna. A denunciar todo tipo de leyes que, en estas condiciones aprovechan los sectores de derecha para afianzar sus estrategias políticas y económicas.
EL PUEBLO AYUDA AL PUEBLO
LA UTE ESTA VIVA, QUE VIVA LA UTE
CORPORACION SOLIDARIA UTE-USACH
Santiago, 4 de junio de 2020
