LECTURA DE POEMAS DE ALICIA SALINAS ALVAREZ, EN ACTO DE HOMENAJE A 110 AÑOS DEL NATALICIO DE ENRIQUE KIRBERG B.

Poemas leídos por Alicia Salinas Alvares, en el acto de conmemoración de los 110 años del natalicio de don ENRIQUE KIRBERG B. el sábado 02 de agosto, en el salón de honor de USACH.

EN MEDIO DEL JARDÍN
Cortaron  el árbol de damascos imperiales del jardín de la casa.
Lo cambiaron  por un mísero rosal.
Nuestros  hijos  creían que el cielo quedaba en su copa.
Nadie se sube a un rosal.
Las abejas que tomaban por asalto la miel de los damascos que
maduraban antes – como nosotras – hoy prefieren el jardín vecino.
Han muerto dos de mis hermanos, mi madre y mi padre.
Y aquel árbol que crecía en medio del jardín.
Ya nadie nos visita. / Se han ido casi todos. / No hay damascos [para mermelada.
Cuando los militares andaban disparando en la ciudad (se acribillaba
[sin misericordia)
Subía por el tronco hasta su copa,
cuidando de no pasar por sobre los capullos.
Desde ahí podías oír disparos, bocinazos y lamentos.
Solo los militares y los sentenciados a muerte deambulaban por las calles.
Ese fue el inicio de mi vida clandestina.
En clandestinidad uno debe volver a bautizarse.
Sin cura ni agua bautismal.
Mi madre esperaba a diciembre para comprar azúcar.
En una caja de lata guardaba billetes amarrados con hilo grueso.
Con hijos presos o exiliados no siempre los ocupó en mermelada.
Hoy hemos vuelto a llamarnos como antes.
Y en medio del jardín.
Trepan por las ramas del damasco inexistente, un par de muchachas,
parecidas a nosotras.
GEOGRAFÍA
Aquí en este lado,
también los mapas son relatos de viajes.
Un círculo pequeño, un país.
Una raya oscura traza el sendero.
Pero los árboles no florecen en el plano,
allí no son posibles las raíces.
Nada va de mar a mar en esta parte,
– ves – nada es como tú y yo alguna vez lo soñamos.
Cuando las palabras brillaban en silencio,
arriba no alumbraban las estrellas
y todo bajo el mismo pedazo de cielo.
Es cierto que pudimos lavar nuestros cuerpos con agua de río,
que el rubor subió despacio.
Las manos recorrieron cada ápice,
cada beso borró una a una las sentencias.
Los recuerdos corrieron aquella vez,
la suerte del olvido.
El mapa ha crecido en habitantes
y todo sobre el mismo pedazo de tierra.
Los más yendo por los bordes,
los menos, soberbios en el centro.
– Ves amor- nada es como tú y yo alguna vez lo soñamos.
 QUISIERA TU FIGURA EN LA ORILLA
Quisiera  tu figura
en  la orilla.
Esa parte tuya  que   lanzaron desde el cielo.
Tu alma
que no alcanzó la orilla.
Tu voz que aúnse oye  entre las rocas.
Y cómo duele.
Recuérdame tus gestos las lágrimas
o ese suave frescor a flores olvidadas.
Te digo esto por amor
Eres el que cruza la memoria
El hijo de la madre
que no olvida tu sonrisa
tampoco tus sueños.
Ni tu cuerpo
en el acantilado.
Repite mi figura en tu abrazo
y volvamos la vista.
Guárdame en tu poesía.
En las grietas de los árboles.
en los círculos del viento
porque ha llovido la noche completa
y más agua es un artificio.
Haz de  tu cuerpo una imagen  que pueda palpar
para rozar con mis manos  tus extremos.
Para grabar
en el rugido del mar
tu ausencia.
En las olas que se mueven a la deriva
y en el suave frescor a flores olvidadas.
AL COSTADO DEL VERSO
La poesía que escribo
lleva una cinta negra
al costado de cada verso.
 La poesía que imagino.
Recorre el sendero de los asesinados para escucharlos en el susurro del  viento.
En el itinerario de las hojas  cuando al caer en otoño
rozan apenas la tierra.
Es tiempo de versar con la verdad.
Y la verdad es que acá dónde vivimos.
Hay hombres que lanzaron cuerpos de otros hombres  al mar.
Hay mujeres que ultrajaron a muchachas.
La poesía que escribo.
El poema que trazo
se escribe en una lágrima.
Y lleva una línea roja que es sangre
al costado de cada uno de los  versos.

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