JUAN ANTONIO GIANELLI COMPANY: UN PROFESSORE CONTRO LA DITTATURA

Por Chantal Castiglioni –  MIlan – Italia – 02 agosto 2021

Las palabras son como un conjunto de sentido y de emociones. Las palabras parecidas a la bella música de una cueca tocada en un día de fiesta. Las palabras que corren por la calle, mensajeras del porvenir. Palabras que se paran en la garganta por la rabia y la frustración. Palabras construyendo futuro. Las palabras para los niños que tienen el aroma de galletas recién horneadas deslizan de mi boca y abren un mundo desconocido. Alumnos que se pierden entre mis palabras. Las palabras razonadas y las dichas con ímpetu. Palabras como nubes llenas de lluvia lista para la tormenta. Palabras a cubrir el silencio y el vacío de duelo y terror. Palabras borradas, olvidadas en un nuevo diccionario truncado por la dictadura que quiere imponer un lenguaje despojado de humanidad, en el que existen solo palabras de odio, de tortura y de órdenes militares. Un nuevo diccionario centrado en la palabra desaparición y en el verbo desaparecer. Desaparecían las personas, desaparecían las palabras, desaparecía la esperanza, desaparecían los días felices. Lo que permanece es el espanto, la incertidumbre y la violencia. Las palabras revolucionarias que se oían de la voz de los compañeros están silenciadas. Las palabras de un entero País rehén de la máquina del régimen. En las escuelas y en los colegios se cementan las fundamentas del nuevo léxico, se averigua y experimenta nuevas formas de expresarse: palabras siervas de la dictadura. Pero en la clandestinidad encuentras palabras que con tenacidad resisten, crean una micro sociedad luchadora y en revuelta permanente. Palabras como barricada de una guerra no guerra como la que estamos viviendo, un escudo contra un estado que apunta a aniquilar nuestra generación al mismo tiempo soñadora y combativa.

Me llamo Juan Antonio Gianelli Company, soy militante del Partido Comunista, soy casado y tengo hijos. Soy profesor y un tiempo fui bailarín folclórico. Me encantaba bailar la cueca. Mis alumnos están entre las riquezas más grandes que tuve. Todo el niño tiene el derecho a acceder a la educación, todos los niños tienen las mismas capacidades de aprendizaje a pesar de las peculiaridades individuales. La escuela tiene que ser abierta a todos, no tiene que ser como un lugar que atender solo a los ricos o a los que la sociedad define como “normales”, tiene que ser un recinto que incluye sin ninguna distinción, que no margina a los niños que tienen dificultades, sino los hace protagonistas y los enseña a actuar con conciencia críticas para convertirse en ciudadanos reflexivos y capaz de formular un propio pensamiento. Un 26 de julio de 1976 me sacaron de mi escuela, eran los malditos milicos, mi alumna obligada a ver que me llevaban hacia un rumbo desconocido. El terror en sus caras nunca lo olvidaré.

Las palabras todo lo que queda de mi existencia, palabras traídas por el viento que sopla sin tregua. Las palabras de un detenido desaparecido adquieren todo un otro sentido. Son palabras fuertes, valientes, rebeldes que redan el tiempo y la dictadura. Gritos de denuncia, de amor y de lucha hasta un cielo callado y cobarde. Son el ruido que se alzan desde el fundo de la tierra en las que estamos sepultados o desde el fundo del mar en el que nos tiraron. Son la mirada indagadora de nuestros seres queridos que siguen pidiendo verdad y justicia. Son la eterna búsqueda. Las palabras permanecen nuestro legado que dejamos a la sociedad para que no vuelva a pasar lo que nos pasó