MANUEL SANHUEZA MELLADO: IL VOLTO EMERSO DALLE PROFONDITÀ DEL DESERTO

Chantal Castiglione – 07-06-2021 –  Milan – italia

Arena y sal, una mueca de espanto y de dolor, mi grito silencioso contra la dictadura. Arena y sal, excavadores para conquistar la identidad. Arena y sal, somos restos arrancados en la fosa de la vergüenza. Arena y sal, Pisagua y el horror de las violaciones y de las torturas atraviesan el desierto. Voces a cobrar vida, a fugarse del olvido. Arena y sal y las balas de los cobardes milicos dibujando en mi pecho una geografía de muerte. Arena y sal, mi ropa intacta, la vista vendada y mis manos atadas a la espalda. Arena y sal, las luchas para la toma de terreno, mis barrios de los suburbios obreros y pobres donde la humanidad florece, donde la gana de construir presente hace espacio entre los techos de barrancas, entre los niños descalzos que hiervan por las calles jugando con una pelota de trapo o corriendo alrededor de un perrito callejero. Arena y sal, mi militancia, mis ideales, ser comunista. Arena y sal, me imagino caminando con mi amigo Víctor o escuchándolo tocar la guitarra y cantar una canción. También nuestro destino se cruzó: flagelados y ejecutados a balas. Arena y sal, y pienso a la suerte que tuve porque mis huesos aparecieron. Arena y sal, ¿dónde están otros compañeros? Aquí estamos en 19 y la bolsa 20. Arena y sal, nadie puede seguir volviendo la cara y permaneciendo indiferente. Arena y sal, evidentemente estamos hablando y narrando una historia desaparecida, la historia de una generación rebelde que la brutalidad y la represión de la máquina dictatorial intentó callar y borrar para siempre. Gracias a la arena, a la sal y a la búsqueda incansable de nuestros seres queridos, nuestra memoria que siempre brilló en un cielo oscuro ahora se revela para alumbrar también la existencia de los que todavía permanecen fantasmas, sin una tumba, pero con flores de papel hechos de recuerdos y de amor.

Me llamo Manuel Sanhueza Mellado, apodado el “Choño”, tengo 30 años, estoy casado soy militante de las Juventudes Comunistas. El 10 de julio de 1974 me sacaron de mi hogar junto a mi mujer, mi cuñado y mi suegro. ¿Saben que mi pareja está embarazada? Tengo miedo a que bajo los militares pueda ocurrir algo malo a ella y al bebé. Es un temor tremendo que me quita el aliento.

Nos separaron. A mí me torturaron, me colgaron desnudo a la intemperie y a pesar de todo lo que sufrí nunca delaté y traicioné mis compañeros. Es julio y hace frío. Es julio y no es tiempo para morir. Es julio y yo continúo a resistir. Mi existencia para los agentes es tan barata, no vale nada. Es julio y es invierno. No podré volver a ver primavera ni verano, ya lo sé.

Un terrible día de julio me llevaron al paredón, el olor del mar pasaba por mi nariz. Una ráfaga y nada más. Caí muerto en el suelo y me echaron en la fosa ya llena de cadáver.

Arena y sal, 2 de junio de 1990, el hallazgo de la fosa de Pisagua, mi rostro finalmente apareció. Nuevamente sentí el olor del mar, el calor del sol, voces amigas de los que nos salvaron de la desaparición, nos donaron la libertad de recibir el abrazo de nuestros familiares y de mucha gente más. Mi cara y mi cuerpo, una fotografía desde el infierno de lo que fue, para que nadie niegue lo que ocurrió. La muerte bajo el régimen de Pinochet tiene mi aspecto. ¡Mírame bien y fíjate esta imagen en la cabeza! Aquí estoy como testigo permanente de la brutalidad estatal, militar y civil.

¡MANUEL SANHUEZA SIGUE VIVIENDO EN LA LUCHA!

¡NI PERDÓN NI OLVIDO! ¡HASTA QUE LA MEMORIA SE HAGA COSTUMBRE!

Chantal Castiglione