IRIS ACEITON VENEGAS – MI 4 DE SEPTIEMBRE 1970

IRIS ACEITON VENEGAS

Me habían llamado desde el Central de la Jota pocos días antes. Allí, en una reunión de “dos”; nuestro Sub-secretario “Checho Weibel” y yo, me informó de la misión que tendría que emprender aquel 4 de septiembre. Yo no tendría el privilegio de votar por Salvador Allende, por el que había trabajado incansablemente para que éste llegara a la Moneda. Recién el 17 de ese mismo mes cumpliría los 20 años. En una segunda reunión, incorporaron a ésta, a un joven y buenmozo estudiante de Ingeniería Industrial de la UTE, a quien yo conocía muy poco… Su perfil físico estaba muy lejos del que se le atribuía a un “upeliento” …  Rubio, ojos creo que azules, vestía con el moderno descuido de un joven universitario proveniente de una “buena familia” …

Harto trabajo me costó emular la indumentaria física de mi compañero. Mi ropero era escaso y humilde, generalmente reciclaba las prendas que lo componía, agregándole o restándole atavíos artesas que eran mi delirio y, robándole ropas de vestir a mis hermanas mayores y menores.

Ese 4 de septiembre me levanté junto al alba. La ducha fue más larga, lavé cuidadosamente mi largo pelo para luego secármelo con esmero. Me maquillé suavemente, como lo hacían las muchachas “de bien”. Me vestí la única tenida destinada a los grandes eventos que tenía a mano; pantalón negro, blusa blanca de encajes, chaqueta negra con una hilera doble de botones plateados que tapaban mi cintura hasta poco antes de alcanzar mis rodillas. Mis zapatos eran negros con un grueso tacón levemente alto, lo que me permitiría correr si las circunstancias lo ameritaban.

A las 8 de la mañana, ya estaba en la UTE. En la FEUT ya había compañeras y compañeros trabajando.  Mi pareja ingeniero llegó al poco rato. A nadie le pasó inadvertida mi “repentina elegancia”, fui blanco de las bromas de la mayoría. Yo, tenía que hacer gala de mi nueva apariencia y, hasta el lenguaje lo morigeré con mucho esfuerzo. Teníamos contacto directo con el “Checho”, desde el teléfono de la FEUT.

A medida que las compañeras y (os) votaban, se iban congregando en la UTE. Las horas fueron pasando. En el aire se respiraba una lejana esperanza. Las y los sufragantes comentaban alegres anécdotas vividas, donde en un ligero cómputo, el doctor Salvador Allende siempre salía triunfador. La FEUT se vio invadida de estudiantes, los teléfonos, las radios no paraban de funcionar. Noticias de cohecho, de acarreo, violencia y amenazas de la derecha que poco a poco empezó a sentir el peso de su derrota, desde distintos puntos de Chile. Nadie se atrevía a celebrar, el dolor sería demasiado profundo al contatar que habíamos perdido nuevamente.

¡El triunfo era demasiado estrecho, no teníamos la mayoría absoluta, pero, ganábamos, ganábamos!

Alberto Ríos, el presidente de la FEUT fue cauto. Los cómputos llegaban lentamente y la tendencia de una victoria se fue haciendo una prodigiosa realidad… Los gritos de júbilo se alzaban hasta tocar el cielo, perdiéndose entre los astros. Mujeres y hombres nos abrazábamos, confundidos, entre las lágrimas de emoción y todavía de incredulidad. No sé de dónde aparecieron botellas de champaña. Alberto brindó, todas y todos brindamos con la certeza que estábamos escribiendo una de las más hermosas páginas de la historia de nuestro país.

¡A LA FECH, TODOS A LA FECH FUE LA ORDEN!  ¡Allí hablará nuestro compañero Presidente!

Alborotados, como un tropel de niños aturdidos por una repentina felicidad salimos a la Alameda, premunidos de nuestras pancartas y banderas de la UTE, no caminábamos, corríamos… Desde las primeras calles aledañas a la UTE, aparecían grupos espontáneos de mujeres, niños y hombres que se unían a nuestra fiesta. La masa humana fue creciendo hasta copar las “anchas alamedas”. Reíamos, llorábamos abrazadas a pobladoras y (es), que nunca antes habíamos visto. De repente el improvisado y multitudinario desfile empezó a frenarse. Pasábamos frente a la sede de la Democracia Cristiana. Ningún improperio, ningún insulto, no ceder ni a la más mínima provocación era nuestro lema. El corazón se me salía del pecho, la incertidumbre nuevamente se apoderaba de mí.  En la calle, fuera de la sede, decenas de jóvenes del PDC, con sus banderas de Tomic, nos rodean celebrando el triunfo de la UP, asegurándonos que en el Congreso la DC ratificaría a Salvador Allende como el nuevo presidente de Chile. Con la retrospectiva del tiempo esta imagen de los militantes de la JDC, celebrando junto a nosotras y (os) el triunfo de la UP, en la misma puerta de su sede central, esa misma noche del 4 de septiembre; corríjanme si me equivoco, no la he leído en ningún libro de historia. No me cabe ninguna duda que fueron las y los jóvenes de la DC, los que presionaron a la derecha del PDC para que confirmaran en el Congreso el triunfo inapelable de la UP en las urnas.

Después de este hermoso episodio, llegamos por fin a las afueras de la FECH. La multitud enfervorizada colmaba sus alrededores, el grupo de la UTE se disgregaba y se perdía entre la muchedumbre. Escuché a mi compañero Presidente, tranquilo, con su voz potente y segura, consciente de la responsabilidad que se posaba sobre sus hombros.

No vi pacos, grupo móvil, zorrillos que nos custodiaran. No había locomoción colectiva que nos transportaran. El pueblo está acostumbrado a chalupear… Caminé sola entre la noche hasta mi casa, apenas cansada, sin miedo, con mi mochila atiborrada de esperanzas…