UN TESTIMONIO MARAVILLOSO

¡I N O L V I D A B L E!
IRIS ACEITON VENEGAS
Siempre he dormido poco, ahora vieja tengo que ayudarme con medicamentos inductores de sueño. El Domingo 8M desperté pasadas las 05 de la mañana. Traté de dormir un rato más, lo que me fue imposible. Me levanté sigilosamente para no despertar a mi compañero. Ya en la oficina, redacté  estos afiches en block de dibujos y lápices de cera:
  • ¡POR LAS TORTURADAS, ASESINADAS, DESAPARECIDAS EN DICTADURA; YO APRUEBO!
  • ¡POR LOS OJOS DE FABIOLA CAMPILLAY; YO APRUEBO!
  • ¡POR MIS ABUELAS, MI MADRE, MIS HIJAS Y MIS NIETAS; YO APRUEBO!
  • ¡PORQUE PELEO COMO MUJER, YO APRUEBO!
  • ¡PORQUE SOY ORGULLOSA DE MIS OVARIOS; YO APRUEBO!
Yo vivo en el palomar 19 de un edificio de 23 pisos, en la comuna de San Miguel, en el barrio El Llano, casi frente al Hospital Barros Luco. Desde muy temprano podía escuchar los gritos y consignas de las mujeres que poco a poco se juntaban en el frontis del  hospital. Mi ansiedad iba en aumento, la hora no pasaba. A la 11 nos juntaríamos con mi hermana y su hija en mi depto. Mucho antes de la hora acordada llamo al ascensor para acudir a su encuentro. El ascensor se para en el piso 15, suben dos mujeres jóvenes; nos miramos y sonreímos, no nos conocíamos
 – ¿Vamos al mismo sitio? , le pregunto abriendo una de mis pequeñas pancartas. Me abrazan! – Creo que en el piso 5, suben otras tres mujeres de edades distintas. Ya éramos una pequeña multitud de mujeres hilarantes  encerradas en el elevador y unidas por el mismo propósito…
Ya en el vestíbulo del edificio me esperaban mi hermana y sobrina.
Salimos del edificio a pocos pasos del metro El Llano, el lado Oriente estaba clausurado, cruzamos la Gran Avenida, ya en las boleterías, las colas eran interminables. Bajamos al andén y, la impresión fue indescriptible. Estaba desbordado de mujeres de todas las edades. Los vagones que venían del Sur repletos pasaban sin parar. Nos íbamos multiplicando, ya ensayábamos las gargantas cantando, gritando. Logramos subirnos a un carro abarrotado de mujeres. Nos protegíamos con los brazos y mis leyendas en alto, las chiquillas le sacaban fotos a mis pancartas subversivas. Decidimos bajarnos en la estación Los Héroes. Aquí sí que no cabía ni un alfiler más.
Éramos demasiadas, el andén saturado de mujeres, solo mujeres del área Sur, nadie pensaba ni nombraba  en el coronavirus del ministro Mañalich. Los cánticos contra Piñera, los pacos y el patriarcado,  se reproducían con eco entre las paredes del andén. Entre gritos y saltos nos avisan que la salida a la superficie está clausurada y seguían bajando más mujeres de los trenes rebalsados. Confieso que por un momento sentí pánico, el oxígeno se consumía… ¿Y si estos malditos nos dejaban ahí encerradas? ¡Querían atemorizarnos!
Cómo “hordas de mujeres marxistas” logramos pisar la calle. El espectáculo era indescriptible, no se distinguían las calles de las veredas,  columnas interminables de mujeres de todos los colores, edades y razas tapizaban el asfalto.  Lienzos, pancartas, afiches, disfraces alusivos a la fiesta. Jovencitas y otras no tanto con sus pechos al aire, orgullosas de mostrar sus cuerpos sin el temor de ser abusadas por ningún perverso.
Nos adentramos a una cadena marchante, con la intención de llegar a la Plaza de la Dignidad, el paso cansino debido al exorbitante número de protestantes; nos ayudaba junto a mi hermana a recuperar fuerzas. La Cata y la Pía, (mi sobrina y su amiga), nos alertaban de los baches, piedras y gradas invisibilizadas por el tropel del mujerío hilarante.
La fiesta de las Mujeres estaba en su apogeo, el sol impertérrito se clavaba sobre  nuestras cabezas. Nunca vimos una paca de cerca; los gritos: “Puta, maraca; pero nunca paca”, nos advertía su proximidad que era de muchos metros. El presidente Piñera nunca dejó de estar presente en nuestras gargantas el: “Piñera conchetumadre asesino igual que Pinochet”, tronaba con eco atravesando calles,  edificios y arboledas. Cantábamos, gritábamos a todo pulmón, para que él y todos los de su calaña lo escucharan y les quedara grabado en sus mentes mercantiles. Vimos muchas mujeres jóvenes y viejas con el rostro de la Gladys en sus pancartas;  sus luchas,  valentía y consecuencia estuvo presente entre nosotras.
Los pocos hombres que divisamos se parapetaban detrás de sus parejas, tímidos y como pidiendo perdón por su intromisión, los cánticos: “Que se vayan los machitos”, “Que se vayan los pololos”, se propagaban en el acto, lo que los hacía sentirse más vulnerables pero, jamás tan vulnerables como hemos vivido las mujeres históricamente.
Proseguíamos en la verbena caminante. Casi al llegar al cerro Santa Lucía, el caudaloso río de mujeres se convirtió en un océano tumultuoso, no se pudo avanzar más, jamás pudimos llegar a la Plaza de la Dignidad, ni siquiera la divisamos. Media vuelta mierda! Coreábamos con voz en cuello. ¡A la moneda, A la moneda! – Y hacia  allá nos dirigimos…
El mujerío no mermaba, llegaban y llegaban, se introducían y salían de las calles aledañas. En el tumulto era muy fácil que nos estrelláramos entre nosotras mismas, con una sonrisa o palmoteo, todo se arreglaba. A pocos metros de llegar a la Moneda, las vallas protectoras y los zorrillos y furgones de los pacos emergieron provocando la ira de todas nosotras. Los gritos de pacos asesinos,  tronaron alcanzando el cielo… Ellos nos miraban desafiantes y burlescos  con sus armas apuntándonos.  Un cementerio de cruces en altura,  incrustadas en los alambres con los rostros de mujeres asesinadas era el marco que coronaba el cuadro infame,
 Una mujer rubia oxigenada y de aspecto ABC1, me observaba insistentemente, yo le sonreí como a una compañera más:
  • ¡Esto se tiene que acabar muy pronto, tenemos que matar a un poderoso! me dijo con frugalidad.
  • ¿Quéeee? – De qué estás hablando! Le repliqué incrédula.
  • Empezar por uno, famoso y adinerado.
  • ¡Estás loca, esos son sus métodos, ellos son los asesinos! Mira cuántas somos, ésta es nuestra resistencia, nos deben estar monitoreándonos, cagados de miedo!
  • Tú debes ser una infiltrada de ultra derecha, o una paca camuflada. La Polla, mi hermana que lo había escuchado todo, se dio vuelta y me reforzó:
  • Sí, yo también lo creo, eres una infiltrada que quiere sembrar el caos en esta marcha pacífica.
La mujer no nos contestó, no se defendió. Miró a lo lejos y le gritó a una amiga imaginaria
         ¡Pepa, espérame!
Con las mujeres que estaban en mi entorno próximo comentamos: Esta conchesumadre es una loca o una infiltrada. Miro por mi hombro y veo una mujer joven, muy alta y de las mismas características de la otra,  que lo  estaba oyendo todo. La miro con desprecio y desconfianza y, la segunda mujer se perdió rápidamente entre la multitud, hasta alcanzar a la primera.
Esto lo escribo todavía sin dar respuestas a mis preguntas. Pero que es sospechosa la weá como dice el Bombo Fica, es sospechosa…Quizás unas infiltrada de la alcaldesa Mathei?; quizás, quizás…
Este singular “incidente”, ayudó de alguna manera a reducir nuestras fuerzas físicas. Teníamos las piernas acalambradas, pero el corazón y el ama inundados de júbilo.  No alcanzamos a llegar a Echaurren. Al llegar a San Martín con mucho pesar nos retiramos de la apoteósica marcha.
Los jardines y plazas del centro de la Alameda bordados de mujeres descansando en el pasto, alimentando a sus críos y… las columnas de mujeres seguían hacia el Poniente como una procesión infinita…
Yo no soy matemática, me costó aprenderme la tabla del 1. Solo puedo contarles que nunca había vivido una concentración más multitudinaria y mágica. Solo comparable con la que se realizó en la antigua Ochagavía hoy, autopista central, cuando ganó el NO.
Como la gran Violeta Parra, le doy “gracias a la vida” por haber participado en esta convocatoria feminista. El Día Internacional de la Mujer del año 2020, no se olvidará fácilmente –  Fuimos tantas! –  Somos tantas! – Alzadas como leonas, tigresas! – Con la herencia de la  sangre indígena hirviendo en nuestras venas –  Lesbianas, transgéneras, travestis – Todas juntas defendiendo lo que nos han usurpado históricamente, recordando y homenajeando a nuestras hermanas torturadas, violadas, desaparecidas, asesinadas –  Junto a ustedes y a todos  los “verdaderos hombres” evolucionados, estamos seguras de poder  escribir  una nueva historia.